24 h.

24 h.

Estamos casi a finales de mayo, veo el amplio horario que ofrecen algunas bibliotecas, universitarias y no universitarias. Algunas incluso, se convierten estos meses en bibliotecas 24 horas para esta maratón del estudio.

Pensando en esto, recordaba con agrado mi primer año de carrera en Salamanca, cuando la Biblioteca Santa María de los Ángeles (la popular Libreros), con una medida y actitud pionera, en junio no cerraba nunca.

Yo creo que todos los que aquel año éramos estudiantes en Salamanca pasamos por sus salas abarrotadas, para ver cómo era una biblioteca de noche, de madrugada. Más que estudiar, que algo también, todos probamos las delicias de disfrutar de aquel espacio a horas tan inusuales. Así que, en vez de rendirnos a las cañas y las tapas, a las copas y los bares, en aquella época trasnochábamos alguna vez en la biblioteca. Recuerdo el calor insoportable, los paseos por la biblioteca, las fugas para despejar afuera, el acecho para localizar un buen sitio… El universo nocturno se ampliaba en la biblioteca, la farra tomaba otra dimensión…

Y pasada la noche, veíamos amanecer, desayunábamos y para casa. A dormir la mañana…

Qué tiempos. Era 1991.

Buen finde!!

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