Cuidado con la primavera

 

Tengo amigas bibliotecarias que están separándose de sus parejas. Ensalzando el enamoramiento como un estandarte, un movimiento a seguir, merodean por la vida buscando otro camino. Me canso de decirles que el enamoramiento largo no existe, igual que la crisis, de la que también reniego.Estas amigas bibliotecarias son guapas, inteligentes, capaces, independientes, pero están enjauladas en esa prisión moral del falso querer, de no saber quitarse esos yugos, que las tiene uncidas como mulas al pasado.

Tengo otras amigas bibliotecarias, que reniegan de sus relaciones de pareja, porque no encuentran el camino para seguir andando junto a ellas. Su condición favorable hace que busquen fantasmas donde no los hay. Pero ¡ay! los encuentran.

Y también tengo amigas bibliotecarias sin pareja, solteras, felices a veces, desesperadas otras.
Y amigas bibliotecarias con pareja, contentas y desalentadas en ocasiones.A partir de hoy, que entra la primavera, tendré que andar con cuidado, no vaya a ser que se me alteren… más.Para todas ellas, este poema del libro 20 poesías de amor y un cuento desesperado, de Liliana Cinetto (Buenos Aires, Editorial Atlántida, 2003)

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Amor en la biblioteca
Cuentan que cuentan que había
una vez una princesa
que vivía en un estante
de una vieja biblioteca.Su casa era un cuento de hadas,
que casi nadie leía,
estaba entre un diccionario
y un libro de poesías.Solamente algunos chicos
acariciaban sus páginas
y visitaban a veces
su palacio de palabras.Desde la torre más alta,
suspiraba la princesa.
Lágrimas de tinta negra
deletreaban su tristeza.

Es que ella estaba aburrida
de vivir la misma historia
que de tanto repetir
se sabía de memoria:
una bruja la hechizaba
por envidiar su belleza
y el príncipe la salvaba
para casarse con ella.

Cuentan que cuentan que un día,
justo en el último estante,
alguien encontró otro libro
que no había visto antes.

Al abrir con suavidad,
sus hojas amarillentas
salió un capitán pirata
que estaba en esa novela.

Asomada entre las páginas
la princesa lo miraba.
Él dibujó un sonrisa
sólo para saludarla.
Y tarareó la canción
que el mar le canta a la luna
y le regaló un collar
hecho de algas y espuma.

Sentado sobre un renglón,
el pirata, cada noche,
la esperaba en una esquina
del capítulo catorce.

Y la princesa subía
una escalera de sílabas
para encontrar al pirata
en la última repisa.

Así se quedaban juntos
hasta que salía el sol,
oyendo el murmullo tibio
del mar, en un caracol.

Cuentan que cuentan que en mayo
los dos se fueron un día
y dejaron en sus libros
varias páginas vacías.

Los personajes del libro
ofendidos protestaban:
«Las princesas de los cuentos
no se van con los piratas».

Pero ellos ya estaban lejos,
muy lejos, en alta mar
y escribían otra historia
conjugando el verbo amar.

El pirata y la princesa
aferrada al brazo de él
navegan por siete mares
en un barco de papel

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Buen fin de semana, feliz primavera!!

5 Comentarios

  • Era en aquella región el primer día hermoso de primavera. Hasta entonces, la primavera había avanzado entre lluvias y tempestades; por este espléndido tiempo, la nostalgia del verano, del calor y de las verdes florestas se apodera de los hombres y les hace muy penosos el trabajo cotidiano. Cuando los patos silvestres pasaban, libres y alegres, altos, muy altos, por enciam de la tierra, no había

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