Hemos crecido además en géneros y estilos. Hay un libro para cada circunstancia y cada situación de la vida. Así, si llega un nuevo hermanito, podemos ver cómo la barriga de la mamá del cuento va creciendo. Si es hora de decir adiós a los pañales, seguramente alguien nos ayudará desde las páginas. Si la mamá está muy ocupada y trabaja demasiado, habrá un libro que explique por qué. Si el miedo acecha por la noche, hay libros que convierten en amigos a los fantasmas oscuros. Si son los abuelos los que se ocupan del cuidado de los pequeños, en un libro encontrarán por qué estos mayores son unos héroes que saben hacer de todo.
Con la especialización y la buena salud del sector están surgiendo, tímidamente, librerías especializadas. Espacios donde encontrar asesoramiento especializado, orientación bibliográfica… Y desde Internet, ante la avalancha de títulos publicados y la posible desorientación de padres, educadores y bibliotecarios, se agradecen iniciativas tan interesantes como SOL, Servicio de Orientación de Lectura, realizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en colaboración con la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y el Ministerio de Cultura.
A mí siempre me llama la atención el precio de los libros infantiles. Me parecen tremendamente baratos para lo que ofrecen. Unas ilustraciones preciosas, una edición cuidada, unos textos sorprendentes, un papel de calidad… Obras de arte que podemos adquirir por unos pocos euros.


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